Intensificación de la bajante extraordinaria de los grandes ríos de la Cuenca del Plata

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Introducción

Hacia fines del mes de julio de 2021 el presidente de la Nación Argentina declaró por decreto el Estado de Emergencia Hídrica por 180 días en los sectores abarcados por los ríos Paraná, Paraguay e Iguazú, activándose el involucramiento del Consejo Nacional para la Gestión Integral del Riesgo y la Protección Civil en las principales provincias comprometidas. Este acto puso finalmente en la agenda política argentina una problemática que por segundo año consecutivo viene afectando a estos grandes ríos debido a cambios en los regímenes de lluvias con fuertes déficits en las partes alta de la cuenca.

Según refleja el último informe del Grupo Intergubernamental de expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de agosto de 2021, los científicos están observando cambios en el clima del planeta, muchos de ellos sin precedentes en miles de años. Las proyecciones indican que más allá del aumento de la temperatura global, las consecuencias se reflejan en la intensificación de los ciclos hidrológicos con una mayor intensidad de precipitaciones e inundaciones, tanto como sequías más pronunciadas en muchas regiones del planeta, con disminución de las precipitaciones en gran parte de las regiones subtropicales. En ese contexto, y ante el inicio de la 26° Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, se vuelve necesario volver la atención sobre como nuestra región se ve afectada por episodios climáticos extremos.

El fenómeno de la bajante de corredor Paraná-Paraguay se vincula a un espacio territorial mucho más amplio que incluye parte importante de los territorios de Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay, así como a la gestión compartida de los grandes ríos que conforman la Cuenca del Plata. En las márgenes de los ríos Paraguay y Paraná se asientan muchas de las ciudades capitales y los principales conglomerados urbanos, productivos e industriales de la región.

La Cuenca del Plata

  • La Cuenca del Plata con 3.100.000 km2 es la segunda en tamaño en Sudamérica, ocupando casi una quinta parte de este subcontinente.
  • Sus ríos principales son el Paraná, Paraguay y Uruguay.
  • Abarca territorios de cinco países: Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay.
  • Es una de las zonas más densamente pobladas de Sudamérica

La bajante del Paraná obedece tanto a factores climáticos, como a alteraciones producidas por el hombre en los patrones de uso del suelo y del agua. Entre los principales factores de presión con impactos sobre la hidrología de este río podemos destacar los cambios de uso del suelo vinculados con procesos de deforestación y conversión de vegetación nativa en áreas destinadas a la agricultura y ganadería, el desarrollo de diques y terraplenes con impactos sobre la conectividad entre el río y las planicies de inundación y lagunas asociadas, los represamientos del río con fines energéticos, los dragados de la Hidrovía Paraná-Paraguay que al prever una mayor profundidad en el tramo del río Paraná, aumentará la velocidad de escurrimiento del agua.

Desde el punto de vista climático, las precipitaciones de los años 2020 y 2021 se encuentran dentro de las más bajas del registro histórico. La evidencia indica que este período de sequía en la Cuenca encuentra como posibles causas la variabilidad climática, exacerbada por los efectos en el uso del suelo, el manejo del agua en los grandes ríos y el cambio climático global. A nivel de los caudales de la Cuenca del Plata, estos cambios se manifiestan en una amplificación de lo que sucede con las precipitaciones: frente a una reducción de lluvias, la respuesta es la reducción de los caudales más que proporcionalmente. Las proyecciones a futuro muestran que, si bien los promedios no se modificarían significativamente, sí ocurrirán cambios muy importantes en los caudales extremos (máximos y mínimos), planteando la necesidad de repensar el manejo integral de la cuenca para incorporar este nuevo escenario en su gestión considerando las demandas sociales, económicas y ambientales emergentes.

El agua de los ríos de la cuenca se usa para múltiples aprovechamientos, siendo la misma destinada a la producción primaria e industrial, el transporte fluvial, la generación de energía eléctrica y el consumo humano, entre otros importantes usos. En un contexto excepcional de sequía, estos usos deben darse de forma tal de garantizar la integridad ecosistémica, para lo cual el funcionamiento de estos grandes ríos es vital. La situación excepcional de sequía nos obliga a pensar en el impacto que la misma tiene sobre los humedales y, por lo tanto, sobre los beneficios que los mismos brindan a la sociedad, como por ejemplo la provisión de alimentos, forraje, purificación del agua, regulación de los regímenes hidrológicos, recarga de acuíferos y provisión de hábitat para la biodiversidad.

Debido a la fuerte interdependencia entre el sistema ecológico y el socio-económico, la intensificación de la bajante también compromete a importantes actividades económicas y al bienestar de un sector importante de la sociedad. Entre los impactos más visibles se destaca la mortandad y depredación de la fauna íctica, las dificultades para el acceso y potabilización del agua para consumo humano, la concentración de contaminantes, la afectación de las costas incluyendo el desmoronamiento de barrancas, la erosión del suelo y la reducción de cuerpos de agua; así como las dificultades para la navegación y las operaciones portuarias, la reducción de la capacidad de generación de energía eléctrica y una mayor ocurrencia de incendios por aumento en la acumulación de materia vegetal seca.

Establecimiento de prioridades de uso en contextos de escasez y el concepto de caudal ambiental como posibles herramientas de gestión integral del agua

Una gestión compartida requiere de una mejor articulación entre jurisdicciones e instituciones, considerando las necesidades de múltiples usuarios y sus diferentes intereses. Existen herramientas concretas asociadas al manejo integral de cuencas en contexto de emergencia por escasez hídrica, que contribuirían a definir pautas de uso y parámetros aceptables en cuanto a la cantidad y calidad de agua necesaria para el mantenimiento de la integridad ecológica del sistema.

La gravedad de la actual coyuntura, reafirmada por declaraciones de estado de emergencia hídrica a nivel nacional y provincial, requiere de avanzar una discusión sobre el manejo del agua a nivel de cuenca que incluya una priorización de sus usos. Esa priorización debe considerar al menos tres tipos de usos: subsistencia, ecosistémico y productivo.

Es fundamental comprender que la Cuenca del Plata no se compone sólo por los ríos, sino que alberga, además, a todos aquellos humedales que dependen del régimen hidrológico para su mantenimiento. En el caso del río Paraná, el mismo abarca amplias planicies de inundación conformadas por geoformas de distinto origen, en las cuales tienen lugar complejos procesos de intercambio de materia y energía, estrechamente ligados con los pulsos de inundación.

En este sentido, se resalta la necesidad de pensar el caudal ambiental no solo en términos de su uso en actividades asociadas al cauce principal del río para cumplir con demandas sociales y económicas, sino también para preservar los procesos ecológicos que ocurren en las planicies de inundación y que son la clave para mantener la producción biológica y la conservación de la biodiversidad. Ello es coherente con los cambios de paradigma a nivel mundial de una visión del caudal de tipo utilitario-economicista (navegación, generación de energía, consumo de agua), hacia una perspectiva ambiental ecosistémica, que integre y compatibilice las dimensiones social, económica y ambiental.

El concepto de caudal ambiental puede constituir una herramienta útil para la gestión del agua, permitiendo un abordaje holístico del funcionamiento de los ríos y su aprovechamiento para fines sociales, económicos y ecológicos. Brinda la posibilidad de establecer la cantidad, la calidad y el régimen del flujo de agua requerido para mantener los componentes, procesos y funciones de los humedales y, en consecuencia, los beneficios que estos brindan a la sociedad.

Un llamado a la acción

Mientras que desde el punto de vista ecológico los pulsos de crecidas y bajantes son igualmente importantes, la gestión hídrica de la Cuenca del Plata se ha concebido en las últimas décadas prestando una mayor atención a las situaciones de grandes crecidas, sin contemplar medidas coordinadas para eventos de escasez hídrica. La bajante actual nos obliga a repensar estos arreglos institucionales y a reforzar la necesidad de un enfoque de manejo integrado de la cuenca que priorice usos en situaciones de escasez y regule los caudales requeridos para las distintas actividades. Reconocer la relevancia de la dimensión ambiental y la importancia del mantenimiento de funciones ecológicas de los humedales como parte de una gobernanza integrada de cuencas es una necesidad de primer nivel.

Los ríos de la Cuenca del Plata difieren entre sí en cuanto a sus características, por lo que los métodos y criterios para definir un caudal ambiental deben aplicarse según diferentes tipos o grupos de ríos, considerando las escalas espacio-temporales de los pulsos y los procesos ecológicos derivados de ellos. Si bien aún no se cuenta con métodos definidos para determinar el caudal ambiental de ríos de llanura como el Paraná, existe un grado de madurez institucional, disponibilidad de conocimiento y agilidad en el manejo de datos, los cuales son condiciones necesarias para abordar esta temática.

En cuanto a ámbitos de pertinencia y vigencia existentes:

  • A nivel regional, el Comité Intergubernamental Coordinador de los países de la Cuenca del Plata (CIC) podría liderar el abordaje de estas discusiones mejorando la coordinación transfronteriza.
  • A nivel nacional, a lo largo del río Paraná es menester garantizar una mayor coordinación en el marco de un Comité de Cuenca que integre a la Nación y a las provincias. En este sentido, el Consejo Federal Hídrico (COHIFE) y el Consejo Federal de Medio Ambiente (COFEMA) podrían jugar un rol destacado.
  • Considerando la dimensión climática de la bajante, el Gabinete Nacional de Cambio Climático también es otro espacio institucional relevante de articulación entre los organismos de gestión hídrica, ambiental, de producción y de seguridad para generar respuesta coordinadas de mitigación y adaptación a los impactos asociados a situaciones de la variabilidad climática extrema en este territorio.
  • En la baja cuenca del Paraná, se resalta como antecedente de gran valor la coordinación interjurisdiccional planteada en el marco del Plan Integral Estratégico para la Conservación y Aprovechamiento Sustentable del Delta del Paraná (PIECAS-DP).

Adicionalmente se requiere avanzar hacia la generación de sistemas de producción, almacenamiento, intercambio, procesamiento e interpretación interdisciplinaria de datos para traducirlos en información útil para la toma de decisiones. Para ello, sería deseable que continúen reforzándose los mecanismos de producción e intercambio de información para su integración en las políticas públicas y sectoriales que anticipen y reduzcan riesgos a futuro.

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