Soluciones naturales para la resiliencia climática: una visita a la Planta Monticello-Miele Dal Cielo
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Wetlands International Panamá

La Cumbrilla, Olá, provincia de Coclé — En el marco del proyecto «Soluciones naturales para la resiliencia climática: Transformando la subcuenca baja del Río Pocrí», Wetlands International Panamá realizó una visita a la Planta Monticello-Miele Dal Cielo, centro de procesamiento artesanal de miel ubicado en el corregimiento de La Cumbrilla, distrito de Olá. Allí, Liza Arango, propietaria de la planta, nos compartió su trayectoria en la apicultura y distintas reflexiones sobre el sector artesanal en Panamá.
Nos contó que su acercamiento a las abejas comenzó alrededor de 2014-2015, a partir de un video que despertó su curiosidad por el trabajo de estos insectos. En ese momento, buscaba una ocupación propia mientras su esposo se dedicaba a la ganadería. Fue él quien la motivó a dar el primer paso y le compró las dos primeras cajas con las que inició su proceso de aprendizaje autodidacta.
Durante la conversación, también nos comentó su perspectiva sobre la relación entre el productor artesanal y las instituciones del Estado. Identificó al Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA), al Ministerio de Comercio e Industrias (MICI) y al Ministerio de Salud (MINSA) como las tres entidades con mayor incidencia en el sector apícola. A su parecer, si bien cada institución cumple una función importante, hace falta mayor articulación entre ellas para canalizar de forma más efectiva la capacitación y el acompañamiento que necesita el productor artesanal. «El proceso es largo, demora mucho y desgasta», señaló, explicando que esa carga es, en muchos casos, la razón por la que algunos productores abandonan la actividad antes de consolidarse.
Además de la miel, en su local Liza ofrece una variedad de productos derivados: velas de cera de abeja, miel picante y bees wax wraps (envolturas reutilizables de tela encerada, alternativa ecológica al plástico).

En Panamá, la mayoría de los apicultores trabajan con abejas de la subespecie africana, reconocida por su fortaleza pero también por su temperamento difícil de manejar. Nos explicó que dentro del gremio apícola existen distintas posturas al respecto: un sector prefiere mantener el trabajo con la abeja africana, por considerarla más resistente y fuerte, mientras que otro grupo de apicultores del país viene planteando la posibilidad de incorporar abejas más mansas y manejables para la actividad apícola. Liza señaló que comparte esta segunda visión.
Comparó esta idea con los procesos de mejoramiento genético que desde hace años se aplican en la ganadería bovina y equina en Panamá. «Si eso se logra con el ganado, ¿por qué no podemos hacer algo con la abeja, y que de paso nos está dando un alimento maravilloso?», cuestionó. Aclaró, sin embargo, que para ella lo esencial no es la subespecie en sí, sino la fortaleza de la colmena: «Una colmena fuerte se protege de sus depredadores. Si la colmena se debilita, le cae todo».

Con base en su experiencia, ofreció recomendaciones para las personas interesadas en iniciar en la actividad apícola : ubicar las colmenas en un espacio aislado, alejado de las viviendas, para no afectar a los vecinos; orientar las piqueras hacia donde nace el sol, ya que las abejas inician su actividad con el primer rayo de luz; y proteger las cajas de animales de finca y depredadores mediante cercados adecuados.
También nos advirtió sobre riesgos como la intoxicación de colmenas por el uso de agroquímicos en fincas vecinas, un fenómeno frecuente dado que las abejas se desplazan libremente en busca de alimento, más allá de los límites del terreno del apicultor.

Pese a estos retos, Liza fue clara en que no hay que perder el ánimo. «Ese es el punto: no deprimirse, no desilusionarse. Es una tarea dura, no es fácil. Y lo primero es conocer, estudiar a la abeja», concluyó.