Ganadería en Humedales del Delta del Paraná: mejores prácticas para producir de manera sostenible

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La región del Delta del Paraná es un territorio único en el país, un macromosaico de humedales caracterizado por una alta heterogeneidad de ambientes y una alta biodiversidad que cumple un rol fundamental como proveedor de bienes y servicios al principal cordón urbano-industrial de la Argentina.

Las extensas superficies con buena oferta de forraje para el ganado -tanto en cantidad como en calidad, sumado a la presencia de agua apta para el consumo animal, la convierten en un área con un alto potencial para la producción de carne de excelente calidad proveniente de ganado vacuno criado en sistemas naturales. 

Desde la época colonial, la ganadería fue una de las actividades productivas básicas de la región. Hasta hace unas pocas décadas, la ganadería en las islas era extensiva, con baja carga animal y de carácter estacional: durante los meses cálidos del verano, en el período de aguas bajas, los animales eran introducidos en las islas para su engorde con la vegetación nativa, retirándolos en otoño para llevarlos a establecimientos cercanos ubicados en el continente. 

Este sistema productivo, adaptado a la dinámica natural de estos humedales, permaneció más o menos estable hasta las últimas décadas del siglo XX, cuando comienza la expansión del cultivo de soja. Esto provocó un desplazamiento de la ganadería bovina hacia zonas marginales del Delta y se pasó de un sistema estacional y de baja carga a uno permanente y de alta carga. El cambio de modo de producción trajo como consecuencia la construcción de diques y terraplenes o la obstrucción de cursos de agua para evitar el ingreso de agua al interior de los campos, con la consiguiente alteración del régimen hidrológico. 

Los cambios abruptos en cuanto al aumento de la carga ganadera, el incremento de la permanencia y ciertas prácticas de manejo ganadero asociadas, han resultado en distintos tipos de impactos sobre estos humedales fluviales afectando su integridad ecológica. 

Desde el Programa Corredor Azul de Wetlands International trabajamos desde hace casi una década en alianza con la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y con la Universidad de Buenos Aires (UBA) y más recientemente con la Estación Experimental Agropecuaria (EEA Paraná) del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria en la implementación de prácticas ambientalmente sostenibles que garanticen tanto la producción ganadera como el mantenimiento de los bienes y servicios que brindan los humedales del Delta del Paraná.

En este contexto, se han realizado acuerdo con productores ganaderos localizados en diferentes áreas del Delta del Paraná, con los cuales se trabaja para avanzar en una ganadería ambientalmente sustentable en humedales. Se propone un protocolo de prácticas de manejo que garanticen la mejora ambiental de los predios, incorporando un programa de monitoreo que dé cuenta de los cambios producidos a través de la evaluación de indicadores de estado y progreso que se estiman periódicamente a fin de evaluar los avances logrados. Como resultado se espera no sólo una mejora en las condiciones de los humedales del Delta sino también en mejores condiciones económicas para los productores. También se trabaja para desarrollar un sello o denominación de origen de la carne producida en los humedales del Delta que sea un incentivo para que un mayor número de productores se incorporen al programa.

Ganado pastando en el humedal

Qué tipo de prácticas promovemos para fomentar una producción ambiental, económica y social sostenible en el Delta del Paraná 

Cuidados de los recursos hídricos 

  • Mantener el régimen hidrológico natural en todo el establecimiento, evitando el uso de diques, terraplenes, obstrucciones de cursos de agua y drenajes, principalmente de grandes dimensiones, sobre todo luego de un período de aguas altas o de una inundación extrema posterior a un período de sequía.
  • Evitar el uso de agroquímicos en general y, eventualmente, combatir las especies vegetales no deseadas (e.g., exóticas invasoras) mediante control físico o con productos químicos selectivos aprobados y en áreas pequeñas alejadas de los cursos de agua.

Cuidados del suelo 

  • Mantener la estructura del suelo o sustrato, evitando su compactación por acción del ganado.
  • No realizar ningún tipo de actividad agrícola complementaria, particularmente si implica movimiento de suelos. De realizarse algún tipo de horticultura orgánica o actividad agrícola de pequeña escala por ninguna razón las mismas deberían llevarse a cabo durante la primavera y el verano.
  • Evitar quemas. En ningún ambiente ni época del año ya que en el Delta el fuego no es un componente natural y, debido a los grandes incendios de 2008, y mas recientes, esta práctica atenta fuertemente contra la salud ecosistémica y humana en la región.

Cuidados sobre la vegetación

  • Identificar y monitorear eventuales problemas de sobrepastoreo de la vegetación o sobrepisoteo del suelo, a la salinización de los suelos o a síntomas relacionados con los problemas sanitarios más frecuentes, realizando una supervisión periódica con el apoyo de especialistas.
  • Favorecer el pastoreo por separado de las distintas categorías vacunas utilizando un adecuado sistema de rotación por lotes.
  • Evitar la transformación significativa de la vegetación preservando áreas de diferentes tipos de vegetación natural original presentes libres de la presencia de ganado.
  • Conocer adecuadamente el tipo y proporción de las especies vegetales presentes en los distintos humedales del establecimiento y aspectos básicos sobre su ecología, palatabilidad y valor nutricional (para ello consultar a biólogos, ingenieros agrónomos y/o veterinarios con experiencia en el tema y la región).

Cuidados sobre la fauna silvestre local 

  • Identificar las zonas que pueden tener un alto valor de conservación manteniendo sin ganado las zonas con alta presencia de fauna.
  • Preservar la mayor diversidad de hábitats naturales para la fauna silvestre.
  • No permitir la caza ni la captura de animales vivos con fines comerciales o deportivos.
  • Cuidados de gestión, sanidad y bienestar del ganado
  • No favorecer el arrendamiento y/o la aparcería por parte de productores extra locales y contar con suficiente personal idóneo (pobladores locales isleños-ribereños) y con residencia permanente (pero disponiendo de los servicios esenciales básicos para ellos).
  • Conocer y respetar los otros tipos de actividades productivas que se realizan en la región, sobre todo si las mismas se hallan particularmente adaptadas al funcionamiento hidrológico normal de los humedales deltaicos, como la pesca, la caza, la apicultura, etc.
  • Contar con un adecuado plan de contingencia, con medios suficientes y sitios alternativos para el alojamiento del ganado ante disturbios naturales como inundaciones extremas.
  • Asegurar la adecuada provisión de agua, alimento y áreas para descanso (e, idealmente, sombra) para todos los animales.
  • Aplicar un adecuado programa de vacunas y antiparasitarios manejando con cuidado los productos recomendados y de la forma más específica posible.

Beneficios de las buenas prácticas ganaderas 

 

La región del Delta del Paraná se caracteriza por presentar dos componentes fundamentales para el apropiado desarrollo de la ganadería: la presencia de un buen suministro de agua apta para el consumo animal y la existencia de extensas áreas con alta abundancia de especies forrajeras nativas de excelente calidad. 

En la actualidad, esta vegetación constituye la principal fuente forrajera para los diferentes sistemas ganaderos de producción de carne y tipo de actividad (cría, recría y engorde) que se desarrollan en la región. En un contexto en el que la sociedad demanda alimentos de calidad, producidos conservando los ecosistemas, los productos de la actividad ganadera obtenidos bajo un esquema de manejo ambientalmente sostenible tienen un importante diferencial en cuanto a su valor de mercado. 

Por otra parte, el desarrollo de una ganadería bajo pautas ambientalmente sostenibles también favorece otras actividades productivas tales como la pesca artesanal y la apicultura. Si se resguarda el funcionamiento natural de los humedales, evitando obras de manejo del agua que alteren drásticamente el régimen hidrológico, se podrán mantener ambientes aptos para la reproducción de peces como las lagunas interiores de las islas. Al mismo tiempo, realizar una ganadería basada en el forraje natural de las islas garantiza el mantenimiento de la flora apícola nativa esencial para los productores de miel, así como de especies vegetales que constituyen la dieta de fauna nativa de interés comercial como el carpincho y el coipo. Además, también beneficia a otras actividades de gran relevancia para la región como el turismo y la recreación. 

Una práctica ganadera sustentable contribuye a conservar los aportes de la naturaleza a la sociedad que en el caso de los humedales son extremadamente relevantes. Conservar la estructura y el funcionamiento de estos ecosistemas permitirá que la ganadería, junto con otras actividades productivas, pueda constituir una producción que no sólo conserve la biodiversidad de los humedales del Delta sino también que contribuya con beneficios para los productores, así como para otros actores claves de este importante mosaico de humedales.